Miguel Ranera

En el Perú hemos vivido muchas veces pendientes de la ley, los fiscales y los jueces. Hoy es uno de ellos. Los maestros nos enseñaron normas básicas por las que se debía regir nuestra vida. Hacer lo contrario estaba mal, y en la iglesia se nos enseñó los mandamientos, violarlos era pecado. Había que confesarse de esas cosas. Pero lo malo es que no nos explicaron la razón por la que debíamos obedecer aquellas leyes, cuál era la motivación, la causa. Y mucho menos nos explicaron qué había que hacer en los muchos casos que nos encontraríamos en la vida de los que la ley no decía nada. El Evangelio y las lecturas de hoy nos sitúan frente a lo más básico de la ley.

  • Si 15,16-21: No mandó pecar al hombre.
  • Sal 118,1-34: Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
  • 1Co 2,6-10: Hermanos: Hablamos de una "sabiduría" que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo...
  • Mt 5,17-37: -«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos... Pero yo os digo...

Os invito a leer el SERMÓN DEL MONTE son los cap. 5, 6 y 7 de Mateo. Si los lees en el silencio de tu corazón te dejarán huella en la vida.

En realidad la ley no es más que una andadera, como las que usan a veces los ancianos. Ayuda a caminar pero la persona es la que tiene que decidir hacia dónde quiere dirigirse. No se trata de hacer esto o de no hacer lo otro simplemente porque está prohibido o porque la ley dice que se haga.

Hay corrupción y hay que erradicarla, pero no podemos usar la letra de la ley como un arma arrojadiza contra los enemigos políticos. Porque entonces se convertirá en una carnicería de unos contra otros y solo los aventureros y los maleantes postularon a los cargos políticos y el final del Perú o el mundo serán peor que el principio.

Porque cuando fijándose solo en la letra de la ley y no en la intención del legislador, se levantan tantas barreras burocráticas que se hace casi imposible sacar adelante los proyectos y hacer obras y se gasta el dinero en mantener una gran burocracia, esto es otra forma y quizá peor de hacerle perder el dinero al Perú que la propia corrupción.

Hay que levantar los ojos más allá de la letra de la ley y, como dice la primera lectura del libro del Eclesiástico, darnos cuenta de que lo que tenemos delante es la decisión básica por la muerte o la vida: “ante ti están puestos fuego y agua, echa mano de lo que quieras”. En el fondo, somos libres para tomar nuestras propias decisiones. Y en nuestras decisiones nos jugamos cómo queremos vivir. Si queremos vivir para la vida o si queremos vivir como muertos. Si queremos vivir en el amor, la fraternidad, la familia de los hijos de Dios o si queremos vivir en la muerte del aislamiento, el egoísmo... Esa decisión es nuestra y la vamos haciendo realidad en nuestra vida.

Cada vez que ayudamos al hermano necesitado o luchamos por la justicia, estamos optando por la vida.

Cada vez que pensamos que no hay razón para preocuparse de los demás, que cada uno en su casa y que ocupado en mis cosas se vive mejor, estamos optando por la muerte. Nos morimos porque nos cerramos a la fraternidad, al amor y, por tanto, a Dios.

Esa opción nos lleva a cumplir algo más que la letra de ley. Es lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Vale la pena leerlo con detención. Jesús nos dice que no basta con cumplir la letra de la ley. Hay que hacerlo de corazón. Porque no sólo mata el que clava el puñal. También, mata el que odia.

Hoy el Evangelio nos invita a vivir en plenitud la ley de Jesús que es la ley de amor.

Dios por medio de Moisés, había ofrecido el siguiente pacto a Israel al pie del Sinaí: si tú cumples mis preceptos o leyes que te he dado hoy, yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo, te irá bien, te salvarás. Por eso para el Pueblo Judío era sumamente importante el cumplimiento estricto de la Ley del Señor. Ahí estaba la garantía de su salvación.

La ley, además de los 10 mandamientos tenía muchos otros preceptos, como el de descansar el sábado, el de no comer animales impuros, el de casarse solo entre Hebreos, el de no tocar a un difunto o su tumba. A estos se añadían los múltiples preceptos y comentarios, que para salvaguardar estos, se habían dado como tradiciones que recopiló hacia el siglo II A.C. la "Halalaj" y hacia el siglo II D.C. la "Mishná", hasta formarse el Talmud.

Como había tantos preceptos era imposible cumplirlos todos y por eso los más "piadosos" se pasaban todo el día purificándose con baños rituales, que tenían en sus casas o pueblos, y separados de los demás hombres, a los que consideraban "impuros".

De acuerdo a la ley mosaica, una madre que había dado a luz a un hijo era considerada impura por siete días; además debía permanecer treinta y tres días "en purificación de su sangre".

Dios cumplió su palabra y le dio al Pueblo la Tierra Prometida, una tierra que manaba "leche y miel" y repartió entre las tribus esa tierra como heredad, pero a la tribu de Levi (la de los sacerdotes) no le dio tierra en heredad, porque su heredad era el Señor. Como contraparte las demás tribus, debían ofrecer las primeras cosechas de trigo, vino o aceite... y la primera cría de todo animal. Debían llevarlas al templo y consagrarlas (ofrecerlas, regalarlas) al Señor, que a su vez una parte se quemaba en sacrificio, otra se daba a los sacerdotes para su manutención y la tercera se la llevaba la familia a casa para comerla en “comunión”.

El primer hijo también debía ser consagrado (sacrificado) a Dios, pero como el Señor le había dicho a Abraham que no le agradaban los sacrificios humanos, que lo que quería era un sacrificio espiritual, y que sustituyese a Isaac por un cordero, el pueblo consagraba (ofrecía en sacrificio) a su primogénito y lo rescataba ofreciendo un cordero, o si eran muy pobres dos pichones. Por eso a los 40 días del nacimiento de Jesús, la Iglesia celebra la fiesta de la PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO Y PURIFICACIÓN DE SU SANTÍSIMA MADRE.

  • Lc 2,22 "Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor. Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: «Todo primer hijo varón será consagrado al Señor.» Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor"...
  • Ml 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.
  • Sal 23,7-10: El Señor, Dios creador, es el Rey de la gloria.
  • Hb 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

En este evangelio se insiste muchas veces en que lo hacían para cumplir la ley del Señor... ¿Por qué?. Porque los primeros cristianos, al principio, eran judíos piadosos, pero como el Señor había escogido también a "pecadores", es decir a gente que no cumplía las leyes de purificación o segregación como Mateo, la Magdalena, y se había hospedado en casa de Zaqueo, o perdonó a la mujer adúltera, o dijo que los publicanos y pecadores os llevaran la delantera en el Reino de Dios, y alabó al buen samaritano (aborrecido por los piadosos) y reprobó al sacerdote y al levita que se sabían la biblia de memoria, pero no tuvieron misericordia; y se fue a Gerasa, la tierra del pecado y del mal y libró a aquel endemoniado; y envió en la Ascensión a sus discípulos por todo el mundo...

Pedro, siguiendo el proceder y el mandato de Jesús de ir a todo el mundo a predicar, se fue al puerto de Jaffo a tratar de llegar a los "otros" y predicó en su sinagoga, pero el que le escuchó y le dió hospedaje fue Simón el "curtidor", un hombre impuro, porque tocaba las pieles de animales impuros; (allí había ocurrido siglos antes la escena del profeta Jonás, que tampoco quería predicar a paganos o impuros, aunque Dios se lo pedía), y allí tuvo Pedro la visión del mata y come y no llames impuro a lo que Dios ha declarado puro, refiriéndose a que fuese a predicar a las gentes de todo el mundo, aunque no fuesen judíos, estrictos cumplidores de la ley.

Y Pablo se convirtió en apóstol de los gentiles... y en la iglesia entraron más gentiles que judíos y surgió una acusación: esta gente no cumple la ley y los expulsaron de la "Sinagoga". Así nació la Iglesia.

Pero había que responder a aquella gravísima acusación de que no cumplían la ley de Moisés, de Dios... Por eso el texto bíblico insiste tanto en que Jesús y sus padres habían sido estrictos cumplidores de la ley del Señor.

Después enseñará Jesús:

  • Mt 5,17. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a llevarla a su pleno cumplimiento.
  • 18. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.
  • 19. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
  • 20.«Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Si amas cumples la ley entera. Dios es amor y misericordia y nos ha amado y perdonado, por eso nosotros tenemos que amar y perdonar a los demás. El que AMA cumple la ley y vive la JUSTICIA que nos trae la PAZ. Sin amor no hay ni justicia ni paz ni en la familia, ni en los barrios, ni en el Perú; por eso tantos matrimonios separados, tantos asesinatos por ajustes de cuentas en los barrios del Callao, tanta venganza política que está llevando a la cárcel a tantas altas autoridades.

La actitud justiciera lleva a la venganza; cerrar los ojos por interés lleva a la corrupción. ¿Entonces cuál es la solución? El amor misericordioso, que no es justiciero, ni cierra los ojos por interés. Sino que actúa como lo actuaría un buen padre con un mal hijo. Vean "El Mercader de Venecia" de Shakespeare.

La primitiva Iglesia de Jerusalén celebraba este acontecimiento, con una procesión a la Basílica de la Resurrección, una homilía sobre Lucas 2,22 ss., y el Santo Sacrificio. Desde Jerusalén esta fiesta se extendió a toda la Iglesia y la acogió Roma con una procesión con velas o "candelas" de ahí la fiesta de "La Candelaria", que paso a España y de España los misioneros la pasaron al Perú y a toda América. Los Jesuitas la promovieron mucho, de ahí el arraigo y la importancia folclórica que tiene en las antiguas misiones de Puno, en Copacabana de Bolivia, en las misiones del norte de Argentina y Paraguay, en Chile... Pero de nada sirve si solo nos quedamos con el folclore sin el mensaje de: 

  • Cumplir la LEY del AMOR, que produce la JUSTICIA, que nos trae la PAZ.
  • Reconocer y agradecer los dones recibidos de Dios
  • y por lo tanto CONSAGRAR la vida a la causa del Amor, como un Sacrificio espiritual.

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