Las Tentaciones

Al empezar Jesús su misión se apartó al "desierto" para encontrar luz en tres grandes cuestiones:

  1. ¿Cuál era el principal bien, qué era el Reino de Dios?: ¿Dios (el Amor y la racionalidad) o las abundancia de cosas materiales?
  2. ¿Cómo debía realizar su misión de anunciar el Reino: manipulando o sirviendo a las personas?
  3. ¿Se debería servir del poder y de la fuerza, como se hace en el ámbito del cálculo y la astucia política para arrastrar a las masas a creer en él y en el Reino que El anunciaba?

Todas estas cuestiones son las que están en juego en el relato de las tentaciones, eran cruciales para Jesús y lo son para la Iglesia y para el hombre de hoy.

Jesús había comprendido que su futuro no era ser “carpintero” en Nazaret, que hay algo más grande que hacer, por lo que "dar la vida": hacer presente en el mundo, el amor, la pasión de Dios por el hombre, de Dios que es Padre de Amor y Misericordia.

Pero, además de la luz de Dios, de la palabra revelada en la historia de Israel, que el tanto había meditado había otras palabras, otros enfoques demasiado humanos, aparentemente buenos, que provienen del maligno, del enemigo, del mentiroso.

Jesús reflexionó muy seriamente sobre estos puntos, y venció la "tentación" y confirmó su vocación en ambiente de “desierto”: silencio, austeridad, y oración. Era el sentido de su vida, la misión de la Iglesia, el futuro de la humanidad, lo que estaba en juego.

Esa reflexión, que sin duda no tuvo lugar solo en una o 40 noches, nos la han relatado los evangelistas en un estilo novelado, hablando de las tentaciones que sufrió Jesús. Sin duda que Jesús se planteó esas cuestiones al inicio de su vida pública, al final de aquellos treinta años de vida escondida en Nazaret. Para él la conclusión fue clara: no se trataba de tener medios materiales, ni de abusar del poder que Dios le había conferido, ni de usar "métodos" tramposos como los políticos o en el mundo: mentir, robar, usar la fuerza o la violencia...

Aquel a quien Jesús conocía como Padre reconoce y respeta la libertad humana. El Dios de Jesús no manipula las conciencias de nadie. Quiere ser aceptado libremente como Dios y Padre de todos. Es Amor, es Razón. Se trata por lo tanto de ilusionar con una visión humanista, con los valores del Reino, descritos en las bienaventuranzas. Se trata de ser pobres de espíritu, mansos, resilientes, deseosos de justicia, misericordiosos, trasparentes, pacíficos y estar dispuestos incluso a ser "perseguidos" en la lucha por construir el Reino de Dios.

A partir de ese momento la misión de Jesús estuvo caracterizada por la sencillez del anuncio, por la cercanía con todos, por el encuentro humano, lleno de misericordia y compasión, con todos los hombres y mujeres, especialmente con los que sufrían. Por eso, Jesús terminó revelando a Dios más por su estilo de vida, por su forma de comportarse que por sus discursos.

También nosotros podemos ver las tentaciones que padecemos desde esa perspectiva. Son la oportunidad para clarificarnos sobre quiénes somos, sobre el sentido de nuestra vida, sobre lo que queremos ser. Son los momentos y decisiones clave en los que nos encontramos, o no, con la realización personal, con la "felicidad".

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